• Pilar Velarde, abre un nuevo espacio gastronómico: Santa Luzía, en la localidad de Mazcuerras

    Medio: Informaria Digital 

    La ideóloga y propietaria de Bodega La Montaña, uno de los restaurantes más míticos de Santander, inaugura un nuevo espacio de ocio gastronómico en la localidad de Mazcuerras.

    Entusiasta valiente y emprendedora, Pilar Velarde es probablemente una de las mujeres más queridas en su comunidad. Desde hace dos décadas regenta en Santander Bodega La Montaña, uno de esos restaurantes con alma, encanto y parroquia fiel. Hace apenas dos años también La Posada Bistruey, un coqueto hotelito rural ubicado en el Valle del Liébana, en pleno corazón de los Picos de Europa.

    Ahora, con esa pasión, buen gusto e instinto hostelero que la caracterizan, emprende su nueva aventura gastronómica. Un local capaz de sorprender y enganchar a quien lo visita gracias a una esmerada y cálida decoración, a una ubicación privilegiada – a los pies del valle de Cabuérniga y a apenas 30 minutos de la capital cántabra-, y a una propuesta versátil, fresca, desenfadada, rica y actual.

    Santa Luzía es mucho más que un restaurante. Es –como reza el subtítulo a su nombre- un “espazio gastronómico” en el que compartir unas raciones, tomar una copa, comer en familia, disfrutar de un chocolate con churros las tardes de domingo. Una tradición, esta última, que Pilar ha querido recuperar de la antigua Venta de Santa Lucía que funcionaba en la casona en que se ubica su negocio y que ha sido cuidadosamente restaurada por el equipo de Carmen González, directora de Inmobiliaria San Fernando. El local, decorado en un estilo “rusti-chic”, está cargado de detalles, muebles reciclados, objetos vintage y piezas de diseño, todo ello envuelto en maderas naturales y cálidos tonos pastel. Funcionalmente, se divide en diferentes ambientes: restaurante -con mesas individuales y corridas-, bar y zona lounge con sofás Chester, una sala de juegos para los niños y una espectacular terraza-jardín junto al río Saja, también, con zona infantil.

    EL NUEVO SABOR DE LA TIERRA
    En lo gastronómico, Santa Luzía huye del tradicionalismo de puchero que impera en la zona para ofrecer una cocina diferente, fresca y urbana. Aquí no hay cocido (aunque sí unas croquetas del Montañés) sino platos modernos, que permiten ser compartidos casi en su totalidad y con algún guiño internacional, sin perder de vista la rica despensa cántabra en que se sustenta su propuesta.

    Hay embutidos y quesos, con especial atención a los autóctonos quesucos lebaniegos (con mermelada también de Liébana) o el premiado Divirín que se hace en los valles Pasiegos; hay hasta ocho ensaladas, con propuestas originales y viajeras como la de wakame con salmón y sésamo; hay un apartado dedicado a los huevos, preparados en revoltijo con los avíos de la matanza o con solomillo y hongos; y hay raciones al centro entre las que destacan las clásica rabas de chipirón, las anchoas de Santoña (esos sí, servidas sobre emulsión de pistacho), la tortilla de bacalao de sidrería, la ensaladilla de gambas al estilo gaditano o el ceviche de lubina y pulpo.

    Entre los principales destacan los de carne vaca Tudanca de Caloca elaborada en steak tartar, en tiras al wok con salsa teriyaki, en hamburguesa rellena de queso Divirín o en cachopo roll con ibérico y queso, además de entrecot, en solomillo…
    Cuentan también con menú infantil, porque aquí los niños son más que bienvenidos… y, para terminar, con una carta de postres caseros en la que sobresale el canónigo lebaniego, la torrija con mermelada de naranja al orujo y las Milhojas.

    La oferta se completa con una amplia selección de vinos –con representación también de denominaciones de origen emergentes-, cervezas artesanas –incluyendo la cántabra Señora Brown- así como de gin tonics en su Prefect Serve y otros combinados que merece la pena disfrutar en su terraza -si el tiempo lo permite- donde los domingos hay música en vivo.