• Un restaurante para salirse de la ruta

    Medio: Blog “Lo que se cuece”. Antonio Baena

    Salirse. Tomar otro sendero. Probar el lado menos conocido. Dejarnos seducir por el riesgo y desviarnos de la ruta. En el caso de circular por la A-8 eso no tiene mucho mérito. Esta autovía discurre por buena parte de Cantabria y Asturias. Cualquiera de las indicaciones que me iba encontrando a mi paso habrían justificado por sí mismas que me alejase de la autopista. Pero en esta ocasión la tentación llegó con uno de los nombres más llamativos de zona: Cabezón de la sal. Mi destino estaba fijado justo después de los límites de esta localidad.

    Al otro lado del ancho y sereno río Saja me esperaba Santa Luzía, así con z. Una antigua casa de labranza reconvertida en restaurante. Abrió este pasado verano después de tres intensos meses de reforma de la que han dejado, con acierto, los antiguos establos de las vacas que ahora quedan integrados en el comedor. Donde antes rumiaban las vacas de raza Tudanca ahora es su carne la que podemos degustar. Especialmente sabrosa es la hamburguesa que proponen, con un picado vaporoso que no permite enmascarar piezas de menor calidad como ocurre en otros casos. Además venía acompañada de queso divirín, de leche pasteurizada de vaca Frisona. El chuletón, sin embargo, prometía más de lo que finalmente encontré. Quizás fuese la pieza que me tocó. Nada que ver con el solomillo, muy bueno, que también incorporan en la carta.

    Como entrantes, aperitivo o platos principales (tan generosos en cantidad como ajustados en sus precios) nos ofrecen las rabas de chipirón, las inevitables anchoas, tartar de salmón salvaje de Alaska con toque de Yuzu, timbal de picasuelos, huevos camperos o los quesos de Gomber, elaborados a pocos kilómetros del restaurante y que han sido recientemente premiados con la máxima distinción en el certamen internacional ‘World Cheese Awards’. Son bastante cremosos pero el tiempo les proporciona intensidad en su sabor.

    Haciendo gala del orgullo local también ofrecen varias cervezas artesanales de Cantabria. Entre ellas las Dougall´s (su creador es un inglés, Andrew Thomas Dougall, afincado en Liérganes) y especialmente la 942, para los que les gustan las rubias con cuerpo, ésta con ligeros aromas cítricos.

    Y como postre la tarta de queso horneada, falso Tatín de frutas de temporada o su receta lebaniega del canónigo. Una mezcla de natillas y soufflé que hace por sí solo necesaria que nos apartemos de nuestra ruta y que deberían convertirse en santo y seña de esta casa.

    El reposo de tanta delicia gastronómica nos lo ofrecen en el que denominan “salón de chester” por el número de estos sofás que allí se incluyen. Una delicia de estancia en la que prolongar, bajo el aroma de un café, el deseo de no retornar a nuestro camino. Hay lugares para perderse y otros en los que es inevitable encontrar motivos para quedarse. Santa Luzía es de los últimos.